espejo
Deambuló por las calles vacías. Golpeó las puertas y revisó detrás de los postigos. La ciudad estaba desierta. Concluyó que era un sueño y sacudió la cabeza para despertarse. Era inútil. Sabía que se sale de los sueños enfrentando a un espejo. Comenzó a buscarlo por la avenida ancha, sin árboles, sin sol y sin sombras. Pronto sintió que el cansancio se instalaba en cada una de sus articulaciones y demoraba sus párpados. Consideró que esas sensaciones no correspondían a una pesadilla. Debería encontrar sujetos amenazantes o percibir angustia por sus seres queridos. Pero las imágenes se habían borrado y sólo sentía el silbido del viento que lo invitaba a callar. Confundido, caminó hasta encontrar una vidriera dorada con un espejo. Respiró profundo antes de lanzar la piedra. A pesar del cansancio, conservaba la buena puntería. Entonces pudo cerrar los ojos.


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