esa tarde se sintió animado cuando fue a hacer las compras
prestó atención a las bolsas de plástico del supermercado, colgando de tantas manos a lo largo de la vereda; como destellos blancos en el paisaje del domingo
sintió que la bolsa los identificaba a todos, pese a las caras distintas y a las poses, y a los niños y a los perros que las acompañaban
experimentó una vaga sensación de pertenencia: códigos compartidos, complicidad con la vecina que se cruzaba en el ascensor o el vecino que le abría la puerta con gentileza
se imaginó a una comunidad dispersa de gente en las casas, vaciando las bolsas y ordenando los comestibles, llenando alacenas y heladeras
se sentó feliz frente al televisor
de pronto comenzó a llover y las gotas lentamente se fueron depositando en su corazón
atrás de un vidrio empañado vio las caras de su niñez; humedecido, se sintió adolescente de nuevo, antes de sentir que las manos lo soltaban, como una bolsa de supermercado olvidada
quiso marcar un número de teléfono, pero descubrió que no había ninguno
aterrado, volvió a ser el mismo
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