expulsado
pude contemplar la cara del chino
los ojos oscuros y brillantes
lavados de rocío
fijos intensos desesperados
tratando de decir
lo que la mandíbula anudada impedía
temblando
bajo la helada nocturna de fiorito
mientras el tajo caliente
vomitaba rojos intensos
pude apretar también yo la mandíbula
mientras mi mano sujetaba
su brazo delgado sintiendo
que atrás de la piel chocolatada
se desvanecía el músculo
tantas veces agitado
gambeteando el pan vistiendo la mueca
de la sonrisa
inventando pretextos para sobrevivir
supe que en cada casa espera un metal
al amparo de la cumbia caliente
cada fierro encierra un miedo
y busca el saque de pasta que no lo deje
subir a la garganta
un polvo para sentir que algo pasa
imaginar un horizonte sin nubes
futuro
que dure más que unos meses
supe que su muerte me expulsaba
me lanzaba al otro lado del muro
a jugar en el corral de los bueyes ciegos
saturando los oídos sellando los ojos
con el bisturí dulce que lobotomiza
y castrarme las manos
hasta que sólo queden palabras vacías
gestos inútiles de damas generosas
mintiendo
cada moneda viola al chino
en las cuencas secas
de los ojos
de hambre


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