Wednesday, June 07, 2006

subtes I

Lleva el traje habitual con la pollera ceñida, tiene el cabello recogido y los anteojos de marco elegante. Lee una revista, mientras sujeta la carpeta y, con la otra mano, se sostiene de la barra. El subte está lleno de gente.

El vagón se sacude rítmicamente, los cuerpos se mueven. Ella está leyendo cuando siente una ligera presión. Descarta el temor, pero mira el reflejo en el vidrio, que funciona como espejo entre estación y estación. Atrás, dándole la espalda, un hombre joven de traje gris. Tiene el cabello castaño peinado con gel.

Se vuelve a concentrar en la lectura. Unos segundos más tarde lo siente de nuevo. El vaivén hace que las espaldas se toquen. Por momentos, los glúteos. Hay mucha gente, es un contacto casual, sólo eso. Pero no puede continuar la lectura. Sus ojos permanecen fijos en las mismas letras. En realidad, piensa, no está sucediendo nada especial. Él está de espaldas, no la busca, sólo sucede.

Vuelve la mirada al juego de espejos. Alcanza a distinguir una camisa clara, gira la cabeza con disimulo y advierte que lleva corbata. El cabello le cae sobre los ojos y sólo ve una barbilla marcada. Lee algo, posiblemente un libro. Ella vuelve a su revista.

Ahora de nuevo. El vaivén aumenta el roce. Él apenas se mueve, se afirma en el pie derecho y ella siente que uno de sus glúteos se tensa y la roza. Se aparta. Vuelve. ¿Qué estará pensando? De nuevo el contacto. La leve caricia. Ella se apoya levemente, blanda. El tensa de nuevo sus glúteos y la domina. ¿Será su imaginación? El tiempo se detiene.

Tiene que bajar en tribunales. Duda en girar la cabeza. Quiere hacerlo, pero no debe. ¿O no puede? Mira al frente, el tren sigue camino y ella sube la escalera mecánica con el corazón exaltado. Se sumerge en su rutina de oficina y abogados, pero no puede dejar de pensar. No se anima a contarlo… ¿qué contar?

La vida retoma su ritmo, esa noche se olvida del tema entre la casa y los chicos. ¿Hizo bien? La mañana siguiente la encuentra de nuevo en el andén de Plaza Italia. Se ha puesto un perfume importado, pero ya no lo vuelve a ver.

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