Friday, May 19, 2006

vacío

Un hombre en la calle. El ritmo de los pasos retumba en las sienes. El cuerpo tiene una conexión secreta, como una soga que anuda los órganos... el estómago... la garganta irritada... la cabeza. La cabeza. Cómo duele.

El dolor se calma al caminar. Las vidrieras iluminadas, la ropa, los libros, forman una calesita que lo entretiene y lo abraza. Giran a su alrededor y lo distraen. Sus labios esbozan una sonrisa. Pero no sonríe. Deja que los ojos reboten de un escaparate a otro, a la calle y a las veredas con dibujos regulares. Los coches pasan cerca, pero se detienen, con respeto o con indiferencia, a su paso.

El sigue caminando.¿Qué lee en cada rostro que se cruza? Desliza la mirada por el mapa de piel, bocas y ojos. Se demora en algunos labios. Y se sobresalta con algunas miradas. ¿Qué busca en las sombras?

La ruta de cada noche simula una condena. No hay otro día, ni otro espacio, ni otra sensación. Es el dolor o el tedio. El sueño que se instala para liberarlo del día. Pero se vuelve a encontrar, otra vez, repitiendo el rito. Hueco. Sin saber si está vivo.

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